Amigos ciberpunks, amigos de Ciberpunk,
En la Historia del mundo muy pocas generaciones, en aún más escasos lugares, han tenido la fortuna de vivir cambios gigantescos y benéficos como los que nosotros vivimos desde hace casi veinte años.
Y veinte años es sólo el principio; queda mucho hasta que lo que aún hoy es semilla, se manifieste en su totalidad. La profundidad de la transformación que vivimos sólo es comparable a la del nacimiento de la sociedad agrícola y a la de la Era Industrial, porque vivimos la transición hacia una nueva y completa forma de organización social nacida de las transformaciones radicales de las maneras de producir.
Desde mediados del siglo XX el principal componente del valor de la producción, el centro de gravedad del sistema productivo, se ha desplazado hacia el conocimiento y la creatividad, desplazando con él las tendencias, las clases sociales y los ejes de conflicto del viejo mundo industrial. La revolución de la estructura económica, la evidencia de la llamada Sociedad de la Información, ha dado pie a la emergencia de nuevas tecnologías, que han permitido a su vez brotes de nuevas formas de organización colectiva que buscan espontáneamente y en paralelo su generalización. Esos brotes, que llamamos Sociedad Red, tensan y protagonizan, a su vez, la voluntad de sacudirse del viejo orden jurídico y, en especial, del sistema de propiedad asociado a la producción industrial. Todo, con una velocidad histórica pasmosa: en veinte años hemos pasado del desmontaje de las megafábricas de automóviles a la extensión del software libre; del duelo a muerte entre dos sistemas económicos basados en la exclusividad de la propiedad a la proclamación de la "propiedad intelectual libre".
Ese es nuestro tiempo. En veinte años, casi dos terceras partes de la vida de la mayoría de nosotros, nuestra fortuna se ha hecho forma de vivir; nos hemos "dejado arrebatar por el cambio" como proponía Juan Urrutia en los ochenta. Y es a esa forma arrebatada de vivir, en realidad, a lo que hemos llamado ciberpunk. Al menos desde 1989.
Desde entonces, en una multitud de países pequeños grupos como el nuestro han teorizado, puesto semillas y agitado las conciencias públicas. Unos han sido parte del cambio al modo en que lo fueron, en otros tiempos, los miembros de la Royal Society o las Sociedades Económicas de amigos del País. Otros, al modo de los carbonarios o los masones. Algunos, al de los pioneros de la industria; unos pocos, al de Byron o Shelley. La mayoría, un poco de todo.
Pocos sin embargo de esos grupos han experimentado de una forma tan continua, amplia y libre como el que fundamos en Berlín hace 15 años. Una red por la que muchos de nosotros hemos pasado, de la que nos hemos separado y a la que hemos vuelto infinidad de veces, disfrutando de la vivencia de la plurarquía que deseamos para todos los campos de la vida colectiva y haciéndola nuestra en todos los que podíamos: desde la reconquista de lo público con esa obra colectiva en la que se ha convertido Ciberpunk.net, hasta la Teoría de Redes, el rudimento de las nuevas ciencias e ingenierías de nuestro tiempo.
Hoy, nuestros amigos americanos apenas digieren la reelección de un gobierno que no habiendo entendido nada, se apresta a la ignominia. En América Latina, donde el mundo post-89 empieza a ser vivido y construido con nueva fuerza, hay quien comienza a mirar hacia nuestra trayectoria o incluso a intentar replicarla. Asia y el Pacífico, el nuevo centro del mundo, empieza a dar lugar a nuevos grupos, a nuevos discursos que cada vez se hacen más extraños de este lado del mundo por su falta de contexto, mientras que en el mundo árabe la tendencia a "coserse" al nacimiento de la Sociedad Red en una nueva suerte de revolución euromediterránea se ve cada día más puesta en cuestión.
A pesar de tímidas acciones como las del 11S pasado, estamos pagando la ausencia de vínculos fuertes generada por la asimetría lingüística de las redes internacionales.
La situación ha cambiado radicalmente a nivel global: ya no es sólo que vivamos en un país relativamente atrasado, relativamente aislado, para el que traducimos y al que importamos conocimiento. No es sólo apostar por la diversidad aquí para evitar la degradación de la red. A base de recibir de todos, somos los únicos hoy en situación de vincular a todos cuantos avanzan y descubren claves del nuevo mundo, y revertir la asimetría global que les frena.
Ha llegado el momento de construir una gran red internacional de debate. De romper la barrera lingüística y ayudar a la globalización del conocimiento en la nación red. Y para eso quiero invitaros a una nueva estrategia. Una estrategia para arrancar en el 2005 y desarrollar durante los próximos años.
La perspectiva es amplia y el trabajo mucho. Pero siempre se empieza por cosas pequeñas y valiosas para construir el primer nodo, algo que sabemos de sobra los ciberpunks. Hoy no puede haber nada más valioso en esa perspectiva que un voluntario dispuesto a traducir del español al inglés. Si crees que ese puede ser tu granito de arena, por favor dilo mandando un mensaje desde el formulario de la portada de Ciberpunk.net. Si quieres que te ayudemos a empezar un blog como el de Amaya, que traduzca y comente al inglés la blogsfera de cualquier otro idioma; si te gustaría articular tu comunidad, sea la que sea, con un agregador de blogs o si simplemente te gustaría ayudar a traducir artículos de los que publicamos en Ciberpunk, dilo. Toda ayuda es grande. Dice la leyenda que Shackelton, el último de los grandes exploradores, encontró a su tripulación con un anuncio que decía:
Se buscan marinos para viaje arriesgado; salarios bajos, amargo frío, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, retorno seguro dudoso; honor y reconocimiento en caso de éxito.
No sabemos ni cuánto frío ni cuánta oscuridad nos esperan en los próximos meses o años. No somos los únicos en la lógica de la red. Muchos, desde AlQaida a los extremistas españoles, están aprendiendo a usar las nuevas lógicas para destruir sin construir nada o construyendo algo peor. Lo único seguro es que no hay retorno. El viejo mundo no volverá ni tendremos por él nostalgia. Sólo nos queda hacer de él un mundo más libre y cohesionado. Esperamos que nuestras propuestas sirvan para ello y os emocionen lo suficiente como para sumaros.
David de Ugarte & Iñigo Medina, 12 de enero de 2005